miércoles, 3 de junio de 2026

La semilla del fruto sagrado - 2024

 

Desde su irrupción en los años noventa hasta la actualidad, el cine iraní ha demostrado una capacidad única para retratar la vida cotidiana y sortear restricciones, consolidando un legado artístico reconocido a nivel mundial.

En la década de 1990, el cine iraní emergió con una propuesta narrativa distintiva, caracterizada por su simplicidad y enfoque en la vida diaria. Directores como Mohsen Makhmalbaf, Abbas Kiarostami y Jafar Panahi, junto a una joven Samira Makhmalbaf con «La manzana», ofrecieron una perspectiva fresca en un contexto cinematográfico que parecía estancado. Aunque algunos cuestionaron inicialmente su recepción internacional, muchas de aquellas obras han superado la prueba del tiempo.




La semilla del fruto prohibido es una película que se cuece a fuego lento, mutando drásticamente de género; comenzando como un drama moral hasta transformarse en un thriller psicológico con persecución que contagia la necesidad del apuro. La historia comienza en la oscuridad de Teherán. Entonces conocemos a Imán, un hombre riguroso y muy religioso que acaba de recibir un codiciado ascenso: ser nombrado juez investigador del Tribunal Revolucionario Islámico. Esto para su esposa, Najmeh, es una bendición divina que les traerá estatus y un apartamento más grande para que sus hijas adolescentes, Rezvan y Sana, dejen de compartir habitación. Al tomar dicho cargo, el Estado le entrega a Iman un arma para “su protección”.

Paralelo a eso, en las calles comienzan a estallar las protestas por el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la Policía de la Moral. Es así como Iman descubre horrorizado que su nuevo trabajo no consiste en investigar, sino en firmar a ciegas decenas de sentencias de muerte prefabricadas contra manifestantes. Su conciencia empieza a pasarle factura física, provocándole ahogos, que se vuelva un poco más descuidado, etc.  Y, por otro lado, al mismo tiempo, están sus hijas consumiendo en secreto los videos de la represión en redes sociales.

Las dos burbujas chocan cuando una amiga de las hijas es herida en el rostro por la policía. Rezvan y su madre la meten en la casa a escondidas para curarla. Ella aun siendo tradicional y temerosa de la ley, actúa por puro instinto maternal de protección y es aquí donde la tensión política se vuelve doméstica de forma irreversible.

El clímax del nudo ocurre cuando el arma desaparece de la casa y Najmeh teme que lo encarcelen hasta tres años, además de que perder el arma del Estado significa la ruina para él por lo que cuestiona y duda fuertemente de sus hijas. Consumido por el pánico de perder el control, la paranoia total se desata. En algún punto Iman ya no ve a su esposa e hijas como su familia, sino como sospechosas y posibles "enemigas del Estado".

A últimas, el hombre se lleva a su familia a una casa de campo en ruinas en una zona desértica. Lo que sigue es un sobrecogedor secuestro psicológico: recurre a un colega interrogador profesional del régimen para someter a su propia esposa e hijas a interrogatorios violentos, mentiras y técnicas de tortura brutales para que confiesen quién robó el arma. El hogar se ha convertido oficialmente en una extensión de la prisión estatal, por lo que ya ni si quiera se le puede llamar hogar. Al no encontrar respuestas, las lleva en auto a un destino incierto, por lo que se revelan y causan un accidente, la persecución continua a pie entre unas ruinas, y , finalmente, Sana (La hija menor) revela que ella tenía el arma, pero apuntando directamente a su padre, en un momento de distracción, el hombre cae en lo más profundo de una fosa, donde era imposible escapar. La cinta termina con esas tres mujeres caminando hacia adelante, libres y sepultando en aquellas ruinas al patriarca y junto con él, el régimen mismo, todo a manos de su propia sangre, y quienes para mi representan a toda la juventud Iraní.

 

Recapitulando, el valor más grande que posee este filme está en sus metáforas y es que, la microhistoria familiar es una analogía perfecta de la macrohistoria de Irán, valga la redundancia. Para empezar, la película abre con una advertencia botánica sobre La higuera sagrada: una planta cuyas semillas caen a través del excremento de las aves sobre otros árboles, sus raíces aéreas crecen, envuelven al árbol huésped, lo parasitan y terminan por estrangularlo y todavía se posan sobre su cadáver. Entonces, se puede entender que la religión y el fanatismo del régimen son esa higuera, prometen mucho, pero han sido una podredumbre para las instituciones, la cultura y las familias Iraníes hasta desmembrar por completo una sociedad que debería ser libre.

Los nombres de los personajes también tienen su por qué, empezando que Imán en árabe significa “Fe”, siendo este sujeto justamente la fé ciega al sistema y representa en lo que puede convertirse un ser que idealiza y se caza con una creencia, alguien sin empatía ni humanidad porque ve a otros como objetos o instrumentos para su beneficio y no duda ni un poco en voltearse contra su familia.

Najmeh se traduce como “Estrella”, representando la generación que está en medio de estas transiciones sociales, ella también tiene miedo, pero termina siendo clave para abrir el camino, inicialmente guía a sus hijas hacia el régimen en busca de protegerlas, pero esta misma decisión la mantenía apagada y sumisa.

Rezvan es “Paraíso” y Sana “Resplandor”, respectivamente en español. Las cuales personifican el mañana, la plenitud y la resistencia indomable.

La pistola no es solo un objeto de defensa o recordatorio de su estatus, en realidad es el símbolo del monopolio de la violencia y la autoridad patriarcal. Mientras Iman la tiene en el cinturón se siente poderoso (Lo cual empeora su carácter que ya era orgulloso), pero cuando desaparece automáticamente es un hombre débil y asustado, casi que castrado. El hecho de que sea la hija menor quien altera este orden al esconder el arma nos dice semióticamente que las nuevas generaciones femeninas le han quitado al patriarcado el poder de someterlas.

Se trata de una historia con carga histórica y social, pero que se siente desesperante en el actuar del padre y la situación de esas mujeres, que en alguna parte del mundo debe estar sucediendo, Al final, da en que pensar eso, aunado que el mismo director fue prófugo de su país y aun así tuvo el valor para hacer esta obra – protesta.


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