Desde su irrupción en los años noventa hasta la actualidad, el cine iraní ha demostrado una capacidad única para retratar la vida cotidiana y sortear restricciones, consolidando un legado artístico reconocido a nivel mundial.
En la década de 1990, el cine iraní emergió con una
propuesta narrativa distintiva, caracterizada por su simplicidad y enfoque en
la vida diaria. Directores como Mohsen Makhmalbaf, Abbas Kiarostami y Jafar
Panahi, junto a una joven Samira Makhmalbaf con «La manzana», ofrecieron una
perspectiva fresca en un contexto cinematográfico que parecía estancado. Aunque
algunos cuestionaron inicialmente su recepción internacional, muchas de
aquellas obras han superado la prueba del tiempo.
La semilla del fruto prohibido es una película que se
cuece a fuego lento, mutando drásticamente de género; comenzando como un drama moral
hasta transformarse en un thriller psicológico con persecución que contagia la
necesidad del apuro. La historia comienza en la oscuridad de Teherán. Entonces
conocemos a Imán, un hombre riguroso y muy religioso que acaba de recibir un
codiciado ascenso: ser nombrado juez investigador del Tribunal Revolucionario
Islámico. Esto para su esposa, Najmeh, es una bendición divina que les traerá
estatus y un apartamento más grande para que sus hijas adolescentes, Rezvan y
Sana, dejen de compartir habitación. Al tomar dicho cargo, el Estado le entrega
a Iman un arma para “su protección”.
Paralelo a eso, en las calles comienzan a estallar las
protestas por el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la Policía de la
Moral. Es así como Iman descubre horrorizado que su nuevo trabajo no consiste
en investigar, sino en firmar a ciegas decenas de sentencias de muerte
prefabricadas contra manifestantes. Su conciencia empieza a pasarle factura
física, provocándole ahogos, que se vuelva un poco más descuidado, etc. Y, por otro lado, al mismo tiempo, están sus
hijas consumiendo en secreto los videos de la represión en redes sociales.
Las dos burbujas chocan cuando una amiga de las hijas es
herida en el rostro por la policía. Rezvan y su madre la meten en la casa a
escondidas para curarla. Ella aun siendo tradicional y temerosa de la ley,
actúa por puro instinto maternal de protección y es aquí donde la tensión
política se vuelve doméstica de forma irreversible.
El clímax del nudo ocurre cuando el arma desaparece de la
casa y Najmeh teme que lo encarcelen hasta tres años, además de que perder el
arma del Estado significa la ruina para él por lo que cuestiona y duda
fuertemente de sus hijas. Consumido por el pánico de perder el control, la
paranoia total se desata. En algún punto Iman ya no ve a su esposa e hijas como
su familia, sino como sospechosas y posibles "enemigas del Estado".
A últimas, el hombre se lleva a su familia a una casa de
campo en ruinas en una zona desértica. Lo que sigue es un sobrecogedor
secuestro psicológico: recurre a un colega interrogador profesional del régimen
para someter a su propia esposa e hijas a interrogatorios violentos, mentiras y
técnicas de tortura brutales para que confiesen quién robó el arma. El hogar se
ha convertido oficialmente en una extensión de la prisión estatal, por lo que ya
ni si quiera se le puede llamar hogar. Al no encontrar respuestas, las lleva en
auto a un destino incierto, por lo que se revelan y causan un accidente, la
persecución continua a pie entre unas ruinas, y , finalmente, Sana (La hija
menor) revela que ella tenía el arma, pero apuntando directamente a su padre,
en un momento de distracción, el hombre cae en lo más profundo de una fosa,
donde era imposible escapar. La cinta termina con esas tres mujeres caminando
hacia adelante, libres y sepultando en aquellas ruinas al patriarca y junto con
él, el régimen mismo, todo a manos de su propia sangre, y quienes para mi
representan a toda la juventud Iraní.
Recapitulando, el valor más grande que posee este filme está
en sus metáforas y es que, la microhistoria familiar es una analogía perfecta
de la macrohistoria de Irán, valga la redundancia. Para empezar, la película abre
con una advertencia botánica sobre La higuera sagrada: una planta cuyas
semillas caen a través del excremento de las aves sobre otros árboles, sus
raíces aéreas crecen, envuelven al árbol huésped, lo parasitan y terminan por estrangularlo
y todavía se posan sobre su cadáver. Entonces, se puede entender que la
religión y el fanatismo del régimen son esa higuera, prometen mucho, pero han
sido una podredumbre para las instituciones, la cultura y las familias Iraníes
hasta desmembrar por completo una sociedad que debería ser libre.
Los nombres de los personajes también tienen su por qué,
empezando que Imán en árabe significa “Fe”, siendo este sujeto justamente la fé
ciega al sistema y representa en lo que puede convertirse un ser que idealiza y
se caza con una creencia, alguien sin empatía ni humanidad porque ve a otros
como objetos o instrumentos para su beneficio y no duda ni un poco en voltearse
contra su familia.
Najmeh se traduce como “Estrella”, representando la
generación que está en medio de estas transiciones sociales, ella también tiene
miedo, pero termina siendo clave para abrir el camino, inicialmente guía a sus
hijas hacia el régimen en busca de protegerlas, pero esta misma decisión la mantenía
apagada y sumisa.
Rezvan es “Paraíso” y Sana “Resplandor”, respectivamente en
español. Las cuales personifican el mañana, la plenitud y la resistencia
indomable.
La pistola no es solo un objeto de defensa o recordatorio de
su estatus, en realidad es el símbolo del monopolio de la violencia y la
autoridad patriarcal. Mientras Iman la tiene en el cinturón se siente poderoso
(Lo cual empeora su carácter que ya era orgulloso), pero cuando desaparece automáticamente
es un hombre débil y asustado, casi que castrado. El hecho de que sea la hija
menor quien altera este orden al esconder el arma nos dice semióticamente que las
nuevas generaciones femeninas le han quitado al patriarcado el poder de
someterlas.
Se trata de una historia con carga histórica y social, pero que se siente desesperante en el actuar del padre y la situación de esas mujeres, que en alguna parte del mundo debe estar sucediendo, Al final, da en que pensar eso, aunado que el mismo director fue prófugo de su país y aun así tuvo el valor para hacer esta obra – protesta.
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