El
Neorrealismo italiano tuvo origen en los años posteriores a la Segunda Guerra
Mundial, en aquel entonces Italia enfrentaba una crisis económica y social.
Este movimiento se caracterizó por rodajes en
escenarios reales, uso de actores no profesionales y narrativas centradas en la
vida de las clases populares, mostrando la precariedad y
la lucha diaria de la gente común. Directores como Roberto Rossellini, Luchino
Visconti y Vittorio De Sica, junto con el guionista Cesare Zavattini, fueron
sus principales exponentes. El Neorrealismo se convirtió en una respuesta
estética y ética frente al cine de estudio y a las ficciones idealizadas de
Hollywood, buscando un cine comprometido con la realidad social.
Fuente:
【
Neorrealismo Italiano 】 Características, Historia y Películas
La
trama de Umberto D. sigue a Umberto Domenico Ferrari, un funcionario público, ya jubilado, que vive
de una pensión insuficiente. No tiene familia, y su único apoyo es María, la
criada del edificio en el que vive y donde está a punto de ser desalojado por
la casera. María y su perro, Flike, son sus únicos vínculos afectivos, símbolos
de compañía y esperanza. A lo largo de la película vemos cómo Umberto lucha por
mantener su dignidad, o tal vez su orgullo, en medio de la pobreza y la
indiferencia social.
¿Es
su dignidad lo que protege Umberto? ¿O es sólo su orgullo el que le impide
pedir ayuda?
A las personas a su alrededor no parece preocuparles su evidente situación de pobreza
(salvo a María, pero con sus propios problemas no hay mucho que ella pueda
hacer para ayudar), y pareciera que no es solamente la sociedad indiferente la
que lo olvida, sino él mismo quien, una vez “agotadas” sus opciones, renuncia a
buscar una salida.
La
puesta en escena es fundamental para entender el filme: De Sica utiliza espacios cotidianos, calles y habitaciones modestas,
él único edificio que resalta por su arquitectura es en el que Umberto trabajó,
y no sé si es porque la película no tiene color, pero me pareció que incluso
ese lugar se veía un poco descuidado.
La
cámara se detiene en gestos pequeños, pero que resaltan los sentimientos de los
personajes, como la mirada cansada de Umberto, el silencio resignado de María,
la ternura hacia el perro, elementos como estos nos transmiten crudeza, la
dureza de la vida, todo sin la necesidad de diálogos complejos ni grandes
discursos. La película se inscribe en las premisas del Neorrealismo porque rechaza el espectáculo y apuesta por la verdad emocional,
mostrando que la pobreza y la soledad no son solo actuaciones, sino
experiencias reales y, para el contexto histórico en el que fue realizada la obra,
cotidianas.
En
Flike podemos ver la última esperanza a la que se aferra Umberto, y su relación
nos enseña que, en la soledad más dura, el más mínimo gesto de afecto puede ser
un refugio de toda la indiferencia que nos rodea.
Dentro del Neorrealismo encontramos otras películas emblemáticas como Roma, città aperta (1945) de Rossellini, La terra trema (1948) de Visconti y Ladri di biciclette (1948) también de De Sica. Todas ellas comparten la intención de retratar la lucha cotidiana de las clases trabajadoras y los marginados,
alejándose de los finales ficticios y felices para mostrar la realidad social.
El tema de la vejez que se toca en Umberto D. no solo me parece conmovedor, o triste, sino realista. Se nos platea cómo la sociedad suele relegar a los ancianos, tratándolos como una carga, olvidando todo lo que en algún momento le aportaron, e inclusive negándoles su humanidad. El desamparo que viven tantísimos adultos mayores, sin embargo, no es lo único que podemos interpretar con esta obra, porque al fin y al cabo todos en algún momento llegaremos a cierta edad donde se nos dificulte el ser autosuficientes, es entonces donde la película nos da un mensaje quizás incómodo, pero cierto, que la juventud (bien representada en María, que aún con tantos problemas no se preocupa demasiado) no es eterna y que en un mundo abusivo, la dignidad que nos aguarde en la vejez no depende demasiado de cómo construyamos nuestras vidas hoy.
Nos obliga a reflexionar nuestras propias acciones, y entonces, tal vez, intentaremos
ser más amables y considerados con nuestros adultos mayores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario